LA DISPLASIA DE CADERA CANINA EN LA CRIANZA
- Ferez Ruiz Xavier: Consultor técnico-científico de
- 26 may 2017
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La displasia de cadera canina, es un rasgo ortopédico anormal, que cada vez más preocupa a los futuros propietarios de mascotas caninas, a la hora de tomar la decisión de elegir y adquirir un cachorro, y por lo tanto a los criadores “competentes”, tanto profesionales como particulares. Quisimos comprobar este grado de preocupación y nos documentamos sobre de su etiología.
Antes de abordar este tema, nos hemos preguntado, si de alguna manera podríamos transmitir a nuestros lectores, el grado de preocupación que tiene esta parte de la población, que crece cada vez más en nuestro país, llegando a tener, uno de cada cuatro hogares españoles, un perro como animal de compañía.
Este índice de preocupación y/o interés, podría medirse simplemente de forma cuantitativa por el número de entradas en un buscador como Google, o de forma cualitativa, comparándolo con otros aspectos relacionados con la displasia de cadera canina (DCC) como la displasia, pero en humanos (DCH) o la displasia de cadera canina, pero en distintas razas, desde aquellas que presentan una mayor prevalencia hasta el propio pastor ovejero inglés (Bobtail).
También nos propusimos comparar esta preocupación, por la malformación conjunta de la cadera en cachorros, con un tema de total actualidad, en estos momentos, como sería la corrupción política.
De esta manera pudimos comprobar como la “corrupción política”, cuyo tema es de máxima actualidad, ocupando las primeras posiciones en el ranking de las preocupaciones de los españoles tenía 508.000 entradas frente a las 132.000 entradas de “Displasia de cadera canina (DCC) en cachorros”, lo que nos lleva a pensar, sin ningún otro tratamiento ni estimación estadística alguna, que es un tema latente que preocupa consideradamente a los futuros propietarios, y más si recordamos que el 25 % las personas que están detrás de estas 508.000 entradas, tendrán probablemente un cánido como animal de compañía.
También pudimos comprobar, tal como queda reflejado en la gráfica (Fig.1), que la preocupación por la displasia canina (DCC) tuvo mayor búsqueda que la displasia de cadera en humanos (DCH), hecho que sorprendió a nuestro equipo. Recordemos que la DCH se produce con una frecuencia de 1 al 10 por 1.000 nacimientos vivos ( Henricson et al., 1966 ; . Czeizel et al, 1975 ; . Cilliers et al, 1990 ; Weinstein, 1996 ; Brier, 1999 ; Evans, 2001 ).
Ya que la DCC está presente en todas las razas caninas con una prevalencia entre el 1 al 75 % según datos de la Fundación ortopédica para los animales (OFA), quisimos comprobar la búsquedas en Google de la DCC en dos razas de una mayor incidencia, como la raza Pug y Spaniel, para compararla con las búsquedas en Google de la DDC en Bobtail (que es la que nos interesa). Los resultados tal como se reflejan en la gráfica Fig.1, nos muestran una elevada búsqueda en animales que presentan una alta probabilidad de padecer DCC como la raza Spaniel y una menor búsqueda en animales que presentan una prevalencia menor como el Bobtail. Es importante recalcar este hecho, pues ya éramos conocedores que los bobtails ocupan un lugar muy alejado del ranking de padecer DCC según la OFA con 9,7 % (ver artículo en www.bobtaildelalamo.com )
Tras haber abordado nuestra primera preocupación, de aportar alguna herramienta que nos permita valorar el interés y/o preocupación de la población acerca de la DCC en cachorro; es decir, a la hora de adquirir su futura mascota canina, entremos a considerar algunos aspectos de esta patología.
Esta artrosis secundaria, que fue identificada por primera vez en 1935, que precipita los signos clínicos de cojera en el animal, resulta de la inestabilidad y subluxación de la cadera, provocando la erosión del cartílago articular y la sinovitis.
Como amantes de esta maravillosa raza de pastores, nos preocupa esta patología que afecta a nuestra mascota y también por su puesto a los compañeros que los han elegido para compartir con ellos con sus vidas.
Por ello quisimos profundizar en la enfermedad, realizando un proceso de documentación acerca de la literatura científica publicada en las últimas décadas acerca de su etiología para poder actuar sobre su prevención y transmitir sus peculiaridades a nuestros lectores.
Pudimos constatar desgraciadamente, que la evaluación fenotípica de la enfermedad no es un método totalmente fiable en la selección de los progenitores, para conseguir una garantía genética máxima para la cría, debido a que la displasia de cadera desde el punto de vista etiológico, es un rasgo polígénico de herencia compleja y relativamente baja heredabilidad, que se expresa durante el desarrollo embrionario de la cadera y que estará sometido a otros factores ambientales que ejercerán su influencia para maximizar o minimizar la expresión fenotípica del rasgo.
Por ello, los programas selectivos de cría para intentar disminuir la prevalencia de esta malformación ósea de la cadera, han mostrado resultados no totalmente satisfactorios, llegando a unos mayores avances en el terreno correctivo más que en el preventivo, a pesar de los esfuerzos de criadores competentes.
Aunque la displasia de cadera canina ha sido ampliamente estudiada ( Willis, 1989 ; Lust, 1997 ), los estudios de las últimas décadas, han demostrado que las estimaciones de heredabilidades y los valores genéticos derivadas de un modelo de múltiples rasgos, que incorpora ambas correlaciones genéticas y ambientales, serían más precisos y correctos, que si las estimaciones derivasen de un único rasgo puramente genético ( Jiang y Zeng, 1995 ; Sapp et al., 2005 ).
A pesar de estos estudios científicos, que nos señalan nuestra incapacidad de controlar la aparición de la enfermedad en las camadas, tras realizar una evaluación y posterior selección de los progenitores, debemos de seguir trabajando en esa línea, para que los criadores “competentes” además de aumentar el acervo genético de esta raza, puedan evitar cruces desafortunados de consanguineidad.





























Yo traté a mi Bobtail que vivió conmigo 15 años con unas cápsulas de cartílago de tiburón que le ayudaron enormemente y prácticamente no refería dolores. Pero el tratamiento tiene que ser temprano tal vez a partir de los 10 años del animal. Esté es mi modesto consejo.